25 Enero 2007
Hubo un tiempo (aunque muchos no lo crean) en el que don Gustavo Buenoera un filósofo innovador que creía en el acercamiento de la cultura alas clases populares y combatía con toda su fuerza intelectual lafunesta dictadura del general Franco. En la cuenca minera aún hay quienrecuerda las lecciones de filosofía que impartía a los trabajadores delcarbón, y algunos de los que fueron sus alumnos en la década de lossetenta se llevan ahora las manos a la cabeza al ver en qué se haconvertido el, por otro lado, inefable pensador.
Acabo de leer en Europa Press que Buenoha presentado hoy en Oviedo la fundación DANAES para la defensa de lanación española, y en ese foro arremetió contra la lengua asturiana-como viene siendo habitual en él en estos últimos años- acusándola deser un modismo y no un idioma y añadiendo que no existe por sí misma.Tan brillante argumentación fue rematada por el filósofo riojano conuna estremecedora confesión: cuando se mudó desde su tierra natal aOviedo, lo hizo porque entendía que Asturias era (y cito textualmente) la cuna del español.

Yo no sé si a Gustavo Bueno lavejez le está jugando malas pasadas o si, consciente de la capacidadintelectual de sus actuales palmeros, sabe que puede decir lo que levenga en gana sin que nadie le replique. Pero me extraña que ningúnperiodista haya pedido la palabra en la presentación de hoy pararecordarle al eminente filósofo algunas cositas. Habría que empezarcontando que, tras la caída del Imperio Romano, en la Península Ibéricaempezaron a convivir diversos dialectos del latín entre los que seencontraban el gallego-portugués, el astur-leonés, el navarro-aragonés,el catalán, el mozárabe... y el castellano. Cada uno se usaba en supropio territorio (no hay que ser muy listo para adivinar cuálcorrespondía al astur-leonés), y sólo con el avance hacia el Sur de losejércitos cristianos después de la batalla de Covadonga unos empezarona mezclarse con otros. Si Bueno dice que vino aAsturias buscando la cuna del español, hay dos posibilidades: o mienteo le engañaron. Porque todo el mundo sabe que las primerasmanifestaciones escritas que se conservan en lengua castellana (que esel nombre que debería tener el español) fueron las llamadas glosassilenses y emilianenses, aclaraciones anotadas en esa nueva lengua atextos latinos que resultaban algo confusos para los monjes de laépoca. Glosas que (lo siento, don Gustavo) fueron escritas y guardadasen los monasterios de San Millán de la Cogolla y Santo Domingo deSilos. Muy alejados, como sabrán todos, de lo que hoy conocemos comoAsturias. Habrá que concluir que si el sapientísimo analista de Gran Hermano se vino aquí buscando la cuna del español, quizá se deba a que no tiene tantas luces como pensábamos...
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25 Enero 2007
Mi compadre David González ha abierto una nueva bitácora, que muy consecuentemente ha titulado En busca y captura, en la que desde hace unos días cuelga pormenorizados informes acerca de los libros que lee para dejar constancia de sus erratas. El experimento es interesante, dado que ningún libro se salva de los temidos duendes de la imprenta. Podéis acceder a ella desde aquí.
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24 Enero 2007

Cuando era niño, alguien me contó una historia que me fascinó durante mucho tiempo. Según decían, durante la construcción de la Catedral de León se producían extraños movimientos de tierra que, invariablemente, echaban abajo cada noche lo que se había levantado el día antes. Tras mucho investigar, dieron con la causa: un topo gigantesco había escogido ese preciso lugar para excavar sus túneles, e hicieron falta unos cuantos hombres para darle caza, sacrificarlo y colgar su piel de una de las paredes del futuro templo. Desde que supe de aquella leyenda, no he podido evitar -cada vez que entro en esa Catedral- de buscar con la mirada el enorme saco amorfo que aún puede verse sobre la puerta de acceso a la nave del Evangelio e imaginar las monstruosas dimensiones de aquel pobre animal que, en el fondo, sólo se buscaba el sustento.
Las catedrales no son sólo un lugar de culto y oración. En su día, fueron las auténticas casas del pueblo, los verdaderos foros públicos de las ciudades, el lugar donde se hacían tratos importantes y en el que se discutían los asuntos más acuciantes, el lecho de los sueños de los vagabundos y el trono de los reyes más narcisistas, el escenario de eruditas conversaciones de ilustrados y el reducto de quienes -sabedores de que el destino sólo les deparaba la horca o la hoguera- se acogían entre sus muros a sagrado para postergar así una suerte aciaga. Las catedrales, todas, esconden cientos de historias que sólo pueden escucharse en su interior si uno presta la debida atención y olvida por unos momentos la cámara de fotos, si se entra en ellas preparado para escuchar el murmullo de las piedras.
La Catedral de León, hoy, se está cayendo a pedazos. Cualquier día se desmoronará, y se llevará sus recuerdos.
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24 Enero 2007

El escritor y periodista polaco Ryszard Kapuscinski falleció ayer en Varsovia. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003, era uno de los grandes maestros del periodismo moderno y el autor polaco más traducido y publicado en el extranjero. El escritor, que sufría de una grave enfermedad, había sido sometido a una complicada operación el pasado sábado.
Según recuerda el diario El País, Kapuscinski nació el 4 de marzo de 1932 en Pinsk y era licenciado en Historia. Con 17 años se inició dentro del periodismo en la revista Hoy y mañana, pero su profesionalidad se forjó en la agencia de noticias polaca PAP, para la que trabajó de reportero durante 30 años (1958-1981). Durante ese tiempo fue testigo de infinidad de acontecimientos mundiales como los numerosos cambios políticos de países del Tercer Mundo, desde Angola hasta el antiguo Zaire (hoy República Democrática del Congo). Asimismo, cubrió la llegada de la descolonización y la consiguiente independencia en el Tercer Mundo, además de hechos históricos como la caída del régimen democrático chileno o la revolución iraní. En su dilatada carrera presenció 27 revoluciones, vivió 12 frentes de guerra y fue condenado en cuatro ocasiones a ser fusilado. Harto de la censura polaca, a partir de la década de los 80 empezó a colaborar con periódicos y revistas internacionales, como The New York Times o Frankfurter Allgemeine Zeitung, a la vez que se introducía de lleno en el campo literario a través del gran reportaje.
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23 Enero 2007
Un país demasiado anómalo
En verdad este país es anómalo. ¿Qué ha pasado en él para que hasta el colectivo de personas que merecía –y tenía– toda nuestra compasión, nuestro respeto y nuestro apoyo se esté convirtiendo en uno de los grupos sociales más antipáticos, irrazonables, verbalmente agresivos y –lo que es peor– temibles? Desde que el señor Alcaraz se puso al frente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, ésta ha pasado a ser, para gran parte de la población, algo con lo que más vale no cruzarse ni encontrarse en la calle, y yo no sé hasta qué punto sus miembros más sensatos, menos manipulados y envenenados –aún habrá muchos, espero–, se dan cuenta del flaco favor, incluso del enorme daño, que ese dirigente les está haciendo al utilizarlos principalmente como brazo manifestante de la extrema derecha mediática, encabezada por la emisora radiofónica de los obispos siembracizañas.
El día del primer atentado mortal de ETA tras su larga tregua tácita o declarada, una buena amiga mía, que vive cerca de Sol, se acercó tranquilamente a uno de los quioscos de esa plaza para comprar el periódico. Se encontró allí con verdaderas masas, lo cual no tiene mucho de particular en las desaforadas y estiradísimas fechas navideñas (solían iniciarse el 22 de diciembre, ahora los comercios y los alcaldes las adelantan un mes, cosa demencial e insoportable, y más o menos equivalen al Ramadán, en lo que se refiere a paralización de la vida activa). Pero le llamó la atención la proliferación de banderas españolas, y se puso alerta. Al contármelo hizo hincapié en lo que todos los moderados de este país sabemos, con tristeza: ¿qué clase de lugar es este en el que todavía nos sobresalta y alarma la abundancia de enseñas del país nuestro? (No sé si quienes abusan de ellas para sus fines particulares son conscientes de cuánto las ensucian, a ojos de la mayoría.) Allí estaban congregados los miembros de la AVT, con pancartas llenas de insultos y de disparates, pidiendo, a estas alturas, la verdad sobre el 11-M, y acusando no tanto a ETA, que acababa de dinamitar Barajas, cuanto al Gobierno socialista. Mi amiga compró EL PAÍS, como suele, y el quiosquero le dijo: Este sí me queda. Hoy aquí se ha agotado La Razón y se está agotando ya El Mundo, mira cómo está la plaza. Ella no sólo miró, sino que oyó. Algunos manifestantes, muy cerca de ella, gritaban: ¡Hay que fusilar a Zapatero! ¡Hay que fusilarlos a todos con una Parabellum! No pudo reprimirse y los miró, como diciendo: Miren, aquí ya no se fusila a nadie. Ni siquiera llegó a decirlo, no le dieron tiempo, así que los miró con reprobación tan sólo. Pero eso bastó, y que llevara EL PAÍS bajo el brazo, para que los energúmenos de la AVT (cuesta escribirlo: ¡energúmenos en la AVT, merecedora hasta hace no mucho de toda nuestra simpatía!) se pusieran a seguirla en su recorrido y a llenarla de improperios. Esos individuos eran guerracivilistas. No sólo por los insultos que escogieron (¡Perra, roja, miliciana, guarra!; en el 2007, parece increíble), sino por montar en cólera al ver el diario que ella leía. Mi amiga siguió adelante, sin ya volverse, pero al comprobar que la retahíla de injurias no era cosa momentánea y no amainaba, dio media vuelta y, como me dijo con gracia, entró a pedir asilo político en la Librería Méndez de la calle Mayor, cuyos dueños no se sorprendieron y le confesaron que no era la primera vez que tenían noticia de escenas parecidas. Tres días más tarde mi amiga fue a su banco, y allí le contó el cajero que, sólo por llevar este periódico –sin que en su caso mediara ni mirada–, miembros de la AVT, el mismo día del atentado, lo habían seguido llamándolo ¡Hijo de puta! durante un buen trecho. Mi amiga, así pues, no fue la única víctima de las Víctimas, o de sus jaleadores.
Yo he oído contar muchas veces a mis padres que durante la Guerra Civil los motivos para sacar a alguien de su casa y darle el paseo eran a menudo proporcionados por los porteros o los vecinos: El del segundo leía El Socialista, se chivaba el portero a los falangistas sevillanos, y eso bastaba para que éstos subieran por él y se lo cargaran. El del tercero iba a misa, acusaba un vecino ante los milicianos madrileños, y éstos ya veían razón suficiente para borrarlo del mapa. Esto se parece demasiado a la actitud observada el 30 de diciembre por algunos miembros de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Hay que decirlo una vez más: a las víctimas de ETA hay que compadecerlas, alentarlas, ayudarlas, procurar que reciban justicia y resarcirlas en la medida de lo posible, porque han pagado y sufrido en nombre de todos. Pero ser víctima no da la razón, ni hace más sabio, ni convierte a nadie en santo, ni lo exime de su obligación de respeto hacia los demás ciudadanos. Si una víctima delinque, no por eso deja de ser víctima, pero pasa a ser también un delincuente. Y si una víctima persigue e insulta a quien le lanza una mirada o lee el diario que le apetece, tampoco dejará de ser víctima, pero además se habrá convertido en un energúmeno, un intolerante, un enemigo de la libertad y un miserable. Que el señor Alcaraz, de quien las Víctimas están siendo víctimas en los últimos tiempos, se pare a pensarlo un minuto, y se aplique el cuento.
Nota aclaratoria: Este artículo de Javier Marías (que, en mi opinión, es uno de los intelectuales más serios que ahora mismo tenemos en España) fue publicado en El País Semanal el domingo 21 de enero. Hoy, dos días más tarde, me entero por la bitácora de Nacho Escolar de que la AVT ha anunciado una querella contra el escritor y el diario. Según ellos, Marías miente. A mí, qué quieren, no me lo parece.
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23 Enero 2007
Arropado por un buen número de gentes del oficio literario, que llenaron la sala del Antiguo Instituto de Gijón, Ricardó Menéndez Salmón, colaborador de El Comercio, presentó ayer su nueva novela, La ofensa. Entre los asistentes, Luis Fernández Roces, Miguel Rojo, Miguel Barrero, David González, Antonio Merayo, Guillermo del Pozo y el editor Álvaro Díaz Huici. Los elogios fueron el denominador común en torno a una obra que, según la editora Elena Ramírez (Seix Barral), ya ha agotado su primera edición en diez días y ha encontrado eco en otros países, como Francia, donde pugnan por sus derechos dos editoriales, entre ellas la legendaria Gallimard...
Texto: Alberto Piquero
Fuente: El Comercio, 23 de enero de 2007
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21 Enero 2007
Pego a continuación un fragmento de la entrevista a tres bandas que Ignacio del Valle, Ricardo Menéndez Salmón y yo, vigilados de cerca por Jesús Fernández Álvarez, mantuvimos para el cuarto número de Biblioasturias:
Ignacio del Valle: ¿Por qué la literatura de calidad no puede ser comercial?
Miguel Barrero: Porque la lectura es vista por los lectores, en general, como un entretenimiento. Lleva menos trabajo leer un best-seller o una novela fácil que leerte a Onetti, Faulkner o Benet. Es un problema de percepción de la literatura por los potenciales lectores y también un problema de educación. La mayor parte de la gente no sabe leer o no está preparada para afrontar una obra de cierta envergadura, como bien pueden ser el Viaje al fin de la noche, la Divina Comedia o El Quijote mismamente. Se va a lo fácil, a lo cómodo. Sí que hay novelas que siendo de fácil lectura tienen un revés de cierta envergadura, El tiempo de los emperadores extraños es un buen ejemplo, pero pero eso no ocurre con todos los libros comerciales. También hay muchos libros que son comprados pero nunca son leídos.
Ricardo Menéndez Salmón: Yo no creo que la alta literatura esté reñida con la comercialidad. A veces olvidamos que algunos de los mayores escritores de todos los tiempos son muy leídos. Victor Hugo o Dostoievski son superventas, se llevan haciendo innumerables reediciones de su obra. Kafka vende él solo más que miles y miles de escritores. No podemos pretender que todos los libros lleguen al mismo número de lectores. Thomas Bernhard o Pessoa no pueden llegar a los 50.000 lectores que pueda tener Coelho o Pérez-Reverte, pero que lleguen a los 5.000 u 8.000 ya es un auténtico éxito. Por otra parte, hay best-sellers de temporada que no aportan absolutamente nada, se leen y se olvidan.
Pues bien, reconozco (aunque en parte) mi error y admito el acierto de mi interlocutor después de saber que La ofensa (recuerden: la novela de Ricardo Menéndez Salmón que Seix Barral puso en la calle el pasado 16 de enero) lleva vendidos 2.000 ejemplares y está a punto de ser reeditada. Y mañana mismo (22 de enero), a las 20.15 horas, la presenta en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón acompañado por Xuan Bello. No se lo pierdan.
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18 Enero 2007
El número 4 de Biblioasturias, la revista gratuita de la Red de Bibliotecas del Principado de Asturias, estará en la calle a partir del próximo lunes con unos contenidos más que prometedores. Dirigida por Jesús Fernández Álvarez, el bibliotecario de Turón (impresionante su trabajo en ese valle, por cierto), la publicación encierra en este nuevo número una interesante entrevista con Gonzalo Suárez, dos cuestionarios cerrados a Xuan Bello y Eugenia Rico, un texto rebosante de lirismo en el que Ana Vanessa Gutiérrez habla sobre su biblioteca y una sección titulada A tres bandas que en este número protagonizamos Ricardo Menéndez Salmón, Ignacio del Valle y yo mismo. El título de esta peculiar menage a trois es bastante explícito: Somos francotiradores. En el texto se nos señala como miembros de la misma generación. Es mentira. Ellos son mucho más viejos...
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