Me han dicho que hubo un tiempo en el que don Gustavo Bueno era unhombre cabal y progresista, un implacable enemigo de los totalitarismosy un entregado educador que no dudaba en bajar a la mina para hablarlesa los trabajadores del carbón de Marx y de Descartes si ello serevelaba necesario para conseguir un país mejor y más justo. Un tiempoen el que el insigne catedrático triunfaba en cada aula que pisaba,abarrotadas todas para escuchar al eminente defensor de las libertades,cuyo verbo les sabía a gloria a los inquietos zagales que invadíanpupitres y escaleras.

Por eso me resulta tan difícil comprenderpor qué extrañas razones aquellos polvos se han convertido en estoslodos. Ya no es que las opiniones del insigne Bueno respecto a algunostemas resulten, en ocasiones, sencillamente bochornosas. Es que,además, ni él –que siempre ha sido un genio de la argumentación, aunpartiendo de premisas erróneas– se libra ya de meter la pata ydemostrar públicamente que, para nuestra desgracia, poco queda de aquelbrillante erudito de los últimos setenta.

Hace unos días, elfilósofo presentó en Oviedo una siniestra Fundación para la Defensa dela Nación Española. En el acto, aseguró que él había abandonado suRioja natal porque pretendía encontrar en Asturias la cuna del español.Me sorprendió que nadie le diese la réplica, pero supuse que o bien suauditorio estaba dispuesto a tragar con todo lo que le contasen (lo queparece más que probable) o el nivel intelectual de este país ha caídotanto que no es difícil que cualquier día aparezca un salvapatrias,jaleado por el respetable, dispuesto a liarse a tiros en el Congreso.Porque resulta que, como todo el mundo debería saber, la caída delimperio romano supuso la desaparición del latín y su sustitución poruna serie de dialectos (luego llamados lenguas romances) que se fueronrepartiendo el suelo peninsular y entre los que estaban elgallego-portugués, el astur-leonés, el navarro-aragonés… Y elcastellano, cuya primera manifestación escrita tuvo lugar allá por laAlta Edad Media en el monasterio de San Millán de la Cogolla, ubicadoprecisamente en la comunidad autónoma de La Rioja. Que es, mirenustedes por dónde, la tierra natal de don Gustavo, el mismo que se vinoaquí buscando la pureza del idioma. A eso, en mi pueblo, se le llamaerrar el tiro.

El Comercio, 1 de febrero de 2006