Microcosmos58: Cavernas
En el libro VII de La República, Platón contó la historia de tres hombres que, encerrados en una caverna y atados de pies y manos, tan sólo podían ver las sombras que –gracias a una hoguera situada a sus espaldas, entre ellos y la entrada a la cueva en la que estaban prisioneros– se proyectaban sobre la pared que tenían ante sus maltrechos ojos. Aquellas oscuras figuras en movimiento constituían la única visión de los tres reos, que sólo limando o cortando las cadenas que les inmovilizaban (labor que podía durar meses o incluso años) serían capaces de volver la vista hacia la luz y contemplar así la realidad que les estaba vetada.
El mito de la caverna, la explicación platónica de la condición humana, fue creado entre los siglos IV y V antes de Cristo y ha sobrevivido desde entonces por su acertada metaforización de la existencia, por el modo en el que sintetizó la esencia del ser humano, el qué somos y el a qué debemos aspirar. Esos cavernícolas de Platón, inmovilizados y aturdidos en su noche de piedra, se parecían mucho a quienes cada día amanecían rodeados de un mundo cuya complejidad no eran capaces de explicarse.
En estos días inciertos en los que 2007 se inicia con la misma mala leche con la que se despidió su antecesor, vuelve el mito a cobrar fuerza con la reaparición de otros hombres de las cavernas que, lejos de tratar de romper las cadenas que les atan a la ignorancia, se aferran a ellas y se regodean en la contemplación de las obtusas sombras que les impiden alcanzar el conocimiento y, para colmo, vocean por las calles sus incongruencias para que todos las oigamos. Son los mismos que llevan ya casi tres años fabulando a costa de los muertos, inventándose unas normas no escritas por las cuales todo lo que les resulta ajeno debería ser delito y aprovechando sus privilegiadas posiciones en los universos catódicos para multiplicar los efectos de un mensaje que, escuchado desde fuera de la cueva, no produce más que indignación o hastío. Desconozco cuál era la actitud de los contritos prisioneros del filósofo, pero la de éstos de ahora mismo es, las más de las veces, vergonzante. Y lo peor no es que defiendan muy ufanos las mentiras que tan sólo ellos consideran verdades. Lo peor, lo peor de todo, es que encima tenemos que aguantarlos.
El Comercio, 4 de enero de 2007

JLP dijo
Habla claro: ¿te refieres a la AVT en general o sólo a los gorilas que han tirado huevos y hecho el animal?
Un abrazo.
5 Enero 2007 | 12:30 AM