MICROCOSMOS56: DIGNIDAD
La primera imagen está fechada el 11 de septiembre de 1973 en Chile, y en ella vemos a un hombre con casco y metralleta avanzar entre los cascotes del palacio presidencial con la vista puesta en el cielo, surcado aquella mañana por los aviones que, inclementes, arrojaban sus bombas sobre las calles de Santiago.
El hombre ha vivido ya mucho y sabe que le queda poco. Sabe que en apenas unos minutos (tal vez unas horas) entrarán por la puerta los militares que esa misma mañana se han levantado en armas en Valparaíso para acabar con él. Es consciente de que morirá haga lo que haga, así que pone a salvo a su familia y se queda allí solo, esperando a sus verdugos. Pero Salvador Allende, elegido presidente de Chile por sus conciudadanos en 1970, se pega un tiro muy poco antes de que los asesinos lleguen a él. No lo cogieron vivo. No pudieron obtener su rendición.

La segunda imagen es más reciente (seis o siete años tan sólo), y en ella vemos al hombre que lideró aquel alzamiento en una silla de ruedas, en Londres. La justicia lo reclama por los crímenes cometidos contra la humanidad durante los dieciséis años que duró su ominoso mandato, pero él no se atreve a comparecer ante un tribunal y finge una demencia que termina llevándolo de vuelta a su país.

Cuando regresa, sonríe muy ufano y se jacta de haber engañado a quienes trataban de hacerle responder por sus actos, pero muy pocos años después, en circunstancias similares, repetirá la maniobra y tendrá incluso quien le aplauda y ensalce su muy discutible valentía.
Son dos escenas que ya han pasado a la Historia del pasado siglo, en el que el horror alcanzó una excelencia difícil de imaginar en épocas mucho más agrestes, y que estos días han vuelto a recordarse después del fallecimiento del segundo individuo, uno más de los no pocos gerifaltes con uniforme que oscurecieron la centuria y que se humilló hasta el absurdo en sus últimos días, incapaz siquiera de sacar alguna lección del ejemplo de dignidad que su adversario le había dado antes de volarse la tapa de los sesos.
Decidan ustedes ahora quién fue héroe y quién villano. Quién se comportó como un caballero. Y quién como un vulgar miedica.
El Comercio, 21 de diciembre de 2006

JLP dijo
Quieto parao, que, sin querer, estás haciéndote eco de la versión de los fascistas. NO hay ninguna prueba de que Allende se suicidase y, más bien, todo indica que fue asesinado a tiros. Si se hubiese suicidado, la responsabilidad de los militares no sería menor. Pero es que la versión del suicidio fue precisamente la que lanzaron ellos para exculparse en cierta manera. No parece lógico que se suicidase y la mayoría de los autores serios (no sólo los "afines") se inclinan por la hipótesis más lógica: fue asesinado sin más. Ya hace mucho que leí los libros en los que encontré todo esto pero creo recordar que incluso hay pruebas forenses y testificales del asesinato (que no suicidio).
Todo lo cual no cambia el sentido de tu texto en lo esencial.
Saludos. JLP
23 Diciembre 2006 | 11:51 PM