Me comentó el otro día mi buen amigo el poeta David González (y acabo de leerlo en su bitácora) que hoy, martes, se celebrará en La Santa Sebe de Oviedo un acto en el que, bajo el título Maldita poesía recitará sus versos el gran Pelayo Fueyo y se proyectará El desencanto, la película de Jaime Chávarri sobre la familia Panero que desde hace año y medio se está convirtiendo en una especie de leit motiv de mi existencia.

Como sabrán los lectores más antiguos de esta bitácora, el pasado mes de septiembre me trasladé a Astorga para dirigir el documental La estancia vacía (que, por cierto, empezaremos a montar en breve), un regreso al lugar del crimen tres décadas después del estreno del largometraje chavarriano para desvelar las razones que llevaron a Michi Panero, el menor del clan, a pasar allí los últimos días de su vida. La cuestión es que nuestra estancia allí (y nunca mejor dicho) casi coincidía en el tiempo con el aniversario del estreno de El desencanto. Como suele pasar, y más dado el odio que ciertos sectores de la capital maragata profesan hacia la película, nadie se había propuesto rendirle los merecidos honores, así que, con la complicidad de otro fanático de los Panero, urdí una suerte de proyección paralela a las del Festival de Cortometrajes que se celebraba por esos días y acabé poniendo mi deuvedé con la película en el pub Gaudí, bar a cuyos dueños estaré siempre agradecido tanto por permitirme tal boutade como por las facilidades que nos dieron durante el rodaje. El caso es que proyectamos allí El desencanto y los clientes que ya estaban antes de que llegásemos nosotros se quedaron anonanados mirándola. Pese a su carácter marcadamente coyuntural, no ha perdido en absoluto vigencia y sigue conservando su poder hipnótico. No podré ir esta noche a La Santa Sebe, pero estoy seguro de que me lo pasaría en grande allí. Cómo envidio a los que sí estarán...