DÍAS DE AMORES
Luis Eduardo Aute es, en mi modesta opinión, el cantautor entre todos los cantautores españoles. Basta con estudiar un poco el panorama para percatarse de que ningún otro aúna tan bien los tres elementos básicos de ese género (sobre el que, por lo demás, se podría discutir mucho) conocido como canción de autor. Aunque otros como Serrat o Sabina (que tampoco son mancos) sepan pulsar como nadie los sentimientos ajenos, los temas de Aute están provistos de una magia especial que seguramente proviene de su afición por intelectualizar la ternura y devolvérnosla envuelta en una voz aterciopelada por el alcohol y el tabaco. Si alguien no me cree puede ir directamente a Las cuatro y diez, Albanta, Cine, cine, Alevosía, La belleza o Polvo enamorado y comprobar que en ellas la emoción no está en absoluto reñida con la reflexión, como podría creer cualquiera que se limite a escuchar a ciertos cantantes de hoy en día que no paran de retorcerse de dolor sobre el escenario mientras farfullan frases elaboradas con una sintaxis ininteligible. Las canciones de Aute perdurarán, aunque sus discos no sean grandes éxitos de ventas y a sus conciertos no acudamos más que unos cientos de personas.

Ahora ha puesto en la calle Días de amores, un libro-disco en el que, por lo que he entendido, recopila las letras de sus canciones de amor preferidas junto con una revisión de las mismas, cosa nada baladí si se tiene en cuenta que sus dos últimos trabajos discográficos, Auterretratos I y II, mejoran en muchos casos las piezas originales. Pero además, Luis Eduardo Aute tiene una faceta poética que no todos conocen a pesar de encontrarse al alcance de todos. Desde finales de 2002 o primeros de 2003, está en las librerías Volver al agua (Sial), un volumen en el que recopila sus tres libros de poesía publicados hasta la fecha (La matemática en el espejo, La liturgia del desorden y Templo de carne), y también puede encontrarse, editado por Siruela, el volumen Animal/hada, donde, acompañados por un cedé, se recogen los textos que él llama poemigas y que no son sino pequeñas píldoras de literatura como ésta que transcribo a continuación:
Ahí van estas migas
para hormigas
amigas...
y enemigas
Dicho queda.

Fernando dijo
Yo ya lo tengo...ahora hay que leerlo...un abrazo
30 Noviembre 2006 | 10:40 AM