La segunda de las críticas que me solicitó el diario El Comercio ha salido publicada hoy mismo y se refiere a Resistencia, el documental de la asturiana Lucinda Torre sobre las movilizaciones de los trabajadores de la empresa Duro-Felguera en la década de los noventa. La película ha generado cierta polémica debido a que una buena parte de los trabajadores que aparecen en ella no están de acuerdo con el resultado final, pero a mí me ha parecido un filme muy muy recomendable.

Casi perfecto

Sección Oficial
Resistencia
Directora: Lucinda Torre
Nacionalidad: Española

Al hablar de Resistencia es inevitable fragmentar el análisis en dos compartimentos que, si bien se interrelacionan, no son del todo inseparables y pueden convivir de manera autónoma siempre y cuando se explique, de antemano, lo esencial: la película no es, ni lo pretende, una descripción fiel de los acontecimientos que se sucedieron en la cuenca del Nalón durante la pasada década, sino una reflexión personal sobre lo que su autora, como langreana, vio pasar a las puertas de su casa.
Ante todo, hay que decir que Lucinda Torre ha hecho un buen trabajo. No es nada fácil resumir en dos horas un conflicto tan largo y con tantos matices como lo fue el de los despedidos de Duro-Felguera. Ella lo hace, y bien. Con un montaje ameno de tan vibrante y un hilo narrativo que convierte a los expulsados en una suerte de héroes del proletariado moderno, Torre transita por los recovecos de la reconversión, por sus alegrías y sinsabores, añadiendo así una foto más al álbum de la historia reciente de Asturias. Una foto necesaria por lo que tiene de reconocimiento hacia quienes casi siempre pasan al anonimato cuando dejan de ser noticia.
Ahora bien, esa voluntad de la directora de acometer una reflexión personal hace que olvide dos hechos que, en mi opinión, son necesarios para entender todas las claves del conflicto: Resistencia pasa de puntillas por la responsabilidad del PSOE (que la tuvo, y mucha) en el expediente de regulación de empleo y carga las tintas contra la intolerable actitud del PP de Marqués. Por otro lado, Torre elude referirse a la violencia en que tanto opresores como oprimidos incurrieron en no pocos episodios de la reivindicación. Aunque la película, pese a estas carencias, se sostenga por sí sola y sea, de hecho, una gran obra, la inclusión de estos dos matices la hubiese convertido (aunque también sobraría el epílogo, demasiado largo y alejado de la tónica general del filme) en una perfecta muestra de lo que debe ser el cine documental.

El Comercio, 28 de noviembre de 2006