MICROCOSMOS50: IDEOLOGÍA Y LETRAS
En las últimas semanas se han abierto diversos debates por los arrabales de la red de redes acerca de si es o no lícito mezclar letras e ideología, esto es, si la obra de un autor (el que sea) ha de ser valorada única y exclusivamente por sus valores literarios o si, por el contrario, a la hora de enfrentarse a la lectura de un texto (sea éste novela, poema o ensayo) ha de tenerse en cuenta el pensamiento político de quien lo firma. Creo haber tratado ya el tema en otra columna (con éste son ya cincuenta los microcosmos que alumbro en estas páginas, y no es fácil acordarse de todos), pero dado que las posiciones en esta polémica suelen ser tan firmes como furibundas, no me parece mal traerlo a colación de nuevo.
Si usted contrata a un carpintero para que le haga una estantería con la que reforzar su biblioteca, únicamente se preocupará de que las baldas estén firmes, de que las medidas sean las correctas y de que la madera elegida para tal fin sea de una calidad, como mínimo, aceptable. Poco importa que, una vez terminada la tarea, el trabajador beba como un cosaco, frecuente los burdeles más inhóspitos o haga todo lo que pueda para evadir impuestos. Sin embargo, los creadores no gozan de ese beneficio. Da la impresión de que un escritor, un pintor o un cineasta están obligados por el mero hecho de serlo a obrar rectamente (recordemos si no cuánta tinta se ha vertido contra el pobre Picasso por cuestiones que nada tienen que ver con sus cuadros) y no apartarse ni un milímetro de lo que en cada época se considera lo correcto. En el momento en que desobedezcan esta máxima, habrá quien se apresure a poner en entredicho sus obras (esto es, el fruto de su trabajo) esgrimiendo cualquier argumento ajeno al del valor artístico, que es, en mi modesta opinión, el único que sirve. ¿Debemos condenar el Viaje al fin de la noche sólo porque Celine se llevase de fábula con los nazis? ¿Hay que menospreciar al mejor Alberti por el apoyo que siempre prestó al régimen estalinista? ¿Tendríamos que tirar a la basura los Sueños y los sonetos de Quevedo porque su autor fuese un personaje del que uno no podía fiarse así como así? Los problemas con la justicia de Cervantes, ¿no convierten El Quijote en una obra inmoral y absolutamente reprobable? Que cada cual responda según su conciencia. Yo, por mi parte, prefiero quedarme con la estantería.
El Comercio, 2 de noviembre de 2006

Fernando dijo
Me parece bien toda postura que se tome sobre el particular, pero yo soy yo, con todos mis defectos y manías e incluso con mi vida y sus tendencias, no puedo dejar derrotada mis ideas ni la historia que me arrastra, (tengo ya bastantes años para poder hablar sobre el asunto), porque un señor sepa usar la pluma y escriba correctamente, no haré nada contra él, ¡ojo!, cosa que a lo mejor él sí lo haría, pero me quedo con la única manera que tengo de disentir con él y es no hacerle ningún caso, no comprar sus libros, no hacerme eco de sus comentarios...la democracia ha servido para esto, poder elegir, cosa que seguramente con ellos no hubiéramos podido hace...y en la historia de España y fíjate en la de Asturias tenemos donde verlo...pero que cada cual haga de su capa un sayo...saludos
2 Noviembre 2006 | 05:51 PM