DÍA DE DIFUNTOS
Desde hace tiempo se comete el error de confundir el Día de Todos los Santos (que fue ayer) con el Día de Difuntos (que es hoy mismo). Hace no demasiado (siglo y medio, más o menos) aún se mantenía esa distinción, pero en nuestros tiempos (e ignoro el motivo) se celebra todo junto en un solo día, el 1 de noviembre, y los muertos se quedan sin nadie que los visite en días como el de hoy, que es el que originalmente estaba destinado a las visitas a los familiares y amigos ausentes.
De todos modos, si he empezado a escribir esta entrada es porque tal equívoco me da pie a hacer un pequeño homenaje a un escritor sobre el que aún no había hablado en esta bitácora y que, sin embargo, tuvo mucho que ver en mi afición por la escritura y en cierta actitud ante la vida que creí necesario adoptar, con tan sólo quince añitos (y quién no lo hubiese hecho), si quería ser un escritor como Dios manda. Se llamaba Mariano José de Larra, y aunque su obra narrativa no es gran cosa escribió unos cuantos artículos memorables. Uno de ellos se titula precisamente El día de difuntos de 1836, y está fechado el 2 de noviembre de ese año. Es decir, que el famoso texto celebra hoy su 170º aniversario. Los que no lo conozcan pueden leerlo aquí, pero para quienes aún no se hayan enfrentado a él les copio a continuación, para que vean cómo, a mi entender, no ha perdido su vigencia, uno de sus fragmentos más citados:
Dirigíanse las gentes por las calles en gran número y larga procesión, serpenteando de unas en otras como largas culebras de infinitos colores:
¡al cementerio, al cementerio! ¡Y para eso salían de las puertas de Madrid!
Vamos claros, dije yo para mí, ¿dónde está el cementerio? ¿Fuera o dentro? Un vértigo espantoso se apoderó de mí, y comencé a ver claro. El cementerio está dentro de Madrid. Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o de un deseo.
Entonces, y en tanto que los que creen vivir acudían a la mansión que presumen de los muertos, yo comencé a pasear con toda la devoción y recogimiento de que soy capaz las calles del grande osario...
Mariano José de Larra se suicidó el 12 de febrero de 1837, con 27 años, muy poco tiempo después de escribir el citado artículo (al que siguió otro también sobrecogedor, La Nochebuena de 1836). Fiel a sus ideales románticos, se pegó un tiro en la sien mientras se contemplaba en un espejo.
Bendito sea.

Jarutaco dijo
Efectivamente, hasta los Medios Informativos confunden la celebración del Día de los Difuntos con el Día de todos los Santos, me imagino que será porque el día 1 es fiesta, pero es al revés. Es verdad que hoy pasa casi desapercibido para los familiares y amigos de los difuntos, aunque particularmente pienso que este día debe ser todo el año.
Saludos desde Gran Canaria.
PD.- ¿Cómo puisiste tu foto en "Sobre mí?. Gracias
(Tengo blog en La Coctelera, titulado JARUTACO)
2 Noviembre 2006 | 10:37 AM