MICROCOSMOS 24: MEMORIA
Este año se cumplen setenta años del inicio de la Guerra Civil y setenta y cinco desde que se proclamara en España la II República. Por ambas razones, el grupo parlamentario de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados propuso que 2006 fuese declarado año de la memoria histórica. Su propuesta fue aprobada por todos los grupos a excepción de uno. El mismo que en los meses anteriores había votado en contra de los matrimonios homosexuales y salido a la calle en compañía de los sectores más rancios de nuestra sociedad sin acordarse de cuando sus dirigentes llamaban pancarteros a los que no entendían por qué se ocupaba un país que nada había hecho, salvo gozar de unas nutridas reservas petrolíferas.
Hace algunos años, no recuerdo con qué pretexto, se planteó que el PP condenase de manera pública y oficial el franquismo. No lo hizo, y su negativa se perdió entre las corrientes de tinta de las hemerotecas y fue relegándose en beneficio de asuntos más gratos para las primeras páginas de los periódicos. Que ahora tampoco quieran recordar a las víctimas del levantamiento contra la República no debería, pues, sorprender, y no lo haría si no tuviésemos todos en mente los encendidos y farragosos discursos con que dirigentes, militantes y adictos a la causa de ese mismo partido nos han venido obsequiando durante estos últimos meses. Qué tremenda contradicción la de que los mismos que con tanto ardor han defendido la Carta Magna (con nuestro entrañable ex presidente a la cabeza) de los ataques del neofederalismo, los mismos que abogan por la concordia y la diversidad dentro de la unidad, los mismos que tildan de fascista a cualquiera a las primeras de cambio, se nieguen a presentar sus respetos a un régimen que sí tuvo una Constitución (de la que, además, deriva en buena parte la actual) y continúen mirando para otro lado cada vez que se habla de aquel ferrolano bajito que siempre se dejaba encendida la luz del cuarto.
No. El gran partido demócrata, el único que conoce el significado exacto del término libertad, el que no tiene entre sus filas ni especuladores ni corruptos ni bandidos, no quiere (ellos sabrán las razones) que, al menos, se reconozca el valor de quienes se jugaron la vida luchando por alcanzar una sociedad igualitaria, justa y digna, ni que se diga (ya tienen ellos arrebatados columnistas e historiadores advenedizos para refutarlo) que lo que Franco hizo fue sublevarse contra un régimen legítimo en el que, por cierto, ellos habrían podido concurrir a las elecciones. A otros, en los cuarenta años siguientes, ni siquiera se les permitió la posibilidad de seguir en este mundo.
El Comercio, 4 de mayo de 2006
