Uno procura no ceder más de lo conveniente ante sus impulsos mitómanos, pero resulta imposible rechazar la posibilidad de conocer en persona a un monstruo como Javier Krahe si resulta que éste da un concierto en tu ciudad y, por si fuera poco, uno de tus amigos (el inefable Laudelino Vázquez, uno de mis dos o tres periodistas favoritos) tiene la misión de entrevistarle. Así que con él anduvimos desde las diez de la noche hasta la una y media de la mañana, escuchando sus benditas batallitas y riéndonos con los argumentos de canciones que, según su propia confesión, jamás llegará a grabar. Como recuerdo quedan la foto de aquí abajo, tomada por el aguerrido reportero ya mencionado, y el eco de las canciones (Como Ulises, Mi Polinesia, La perversa Leonor, Eros y la civilización, Abajo el alzheimer, Piero della Francesca, Un burdo rumor o Marieta) que sonaron aquella noche. Un placer, maestro.
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