Para mi séptima colaboración en Ciudad Lineal, escogí el entonces rabioso asunto de los Premios Planeta y Ciudad de Torrevieja para dar un toque cultural a mi columna. El texto, por cierto, apareció en última página y con un cuerpo de letra mínimo, así que al colgarla aquí les haré un gran favor a mis lectores miopes, si es que los tengo...
Rectifico lo que aquí dije (o escribí) el pasado mes de octubre, cuando a través de estas mismas páginas me quejaba amargamente de la escasa categoría de las polémicas españolas, tan centradas en cubanitos y pobres remedos de Orwell, mientras en Francia se debatía casi a vida o muerte sobre las virtudes o carencias de Houellebecq. Ahora ya ha quedado claro que aquí también podemos. Los fallos de los últimos premios Planeta y Ciudad de Torrevieja han puesto de manifiesto que también nuestros libros pueden derivar en objeto de controversia y enconados enfrentamientos. Los acontecimientos fueron dos, pero sus conclusiones han acabado por fundirse en una que no por diáfana resulta esperanzadora: aquí se abusa demasiado del libro como objeto de usar y tirar, y hasta ahora parece que todos mirábamos para otro lado.
El primer toque surgió en Torrevieja. En la muy turística ciudad alicantina se reunía el jurado del premio que lleva el nombre de tan paradisíaco enclave y que organiza el grupo Random House. El ganador resulta ser César Vidal (¿cuántos libros —y malos, además— es capaz de escribir este hombre?). El presidente del jurado, José Manuel Caballero Bonald, arremete en la posterior rueda de prensa contra la novela agasajada, argumentando, entre otras cosas, su bajeza ideológica (no la he leído, pero me lo creo sólo con ver quién la firma). Una semana más tarde, o por ahí, se reúne el jurado del Planeta. Y Juan Marsé, miembro del jurado, aprovecha la víspera del fallo para calificar de “subterráneo” el nivel de las obras finalistas. Los periodistas se frotan las manos. Gane quien gane, habrá follón. María de la Pau Janer, muy guapa ella, recoge al día siguiente el galardón y Jaime Bayly se queda con el meritorio trofeo de finalista. Nueva bronca. Marsé critica abiertamente la escasez de oficio de la Janer, y ésta viene a decirle que se calle, que qué sabrá él, que no es más que un vejestorio pasado de moda. Conmoción. Ríos de tinta. Preguntas. Silencio.
Cada vez que entro a una librería en busca de una buena novela, procuro evitar las estanterías donde se amontonan los libros que, en estos años de atrás, han quedado ganadores y finalistas de los más lustrosos premios de novela de nuestra geografía patria. Basta con echar un vistazo al palmarés del Planeta para descubrir que, salvo honrosas excepciones (Vázquez Montalbán, Muñoz Molina, el propio Marsé...), poco o nada han dado de sí las páginas distinguidas por el certamen de José Manuel Lara. La editorial Planeta fue probablemente la primera en apostar por el libro como objeto de consumo dejando los valores literarios en un segundo plano, pero muchos le han seguido la corriente y hoy en día ni siquiera el Nadal, tan prestigioso antaño, es demasiado de fiar. Por ello, supongo que cuando uno es llamado a engrosar las filas de sus jurados, no puede esperar nada más que historias muy sentimentales, muy de moda, muy chachis, sin más futuro que el de constituir un adecuado regalo de navidad para esos familiares a los que no vemos demasiado a menudo.
Todo el respeto del mundo me merecen Juan Marsé y Caballero Bonald, autores de algunas de las mejores páginas de nuestra literatura contemporánea, y muy poco quienes, lejos de agachar las orejas y asumir convenientemente lo que han hecho, se revuelven contra ellos con el ignominioso propósito de echarles en cara, por ejemplo, su edad. Pero tengo que hacerles un reproche. Me parece estupendo que critiquen los grandes premios, que renieguen de los jurados de los que ellos habían formado parte, pero ya tenían la suficiente experiencia cuando les llegó la invitación, cuando las editoriales telefonearon a sus casas para ofrecerles el puesto. Ya sabían a lo que iban. Podían haberse negado.
Noviembre de 2005