ENTREVISTA EN 'EL COMERCIO'
04/07/05
Espejo, la primera novela del escritor y periodista mierense Miguel Barrero, es una historia que habla de fracaso, de derrota y de impotencia, pero también del lento e inexorable paso del tiempo. Se desarrolla en la cuenca minera asturiana y tiene a la Guerra Civil y sus consecuencias como principal punto de referencia. Con ella, Barrero, colaborador de este periódico, ganó el Premio Asturias Joven de Narrativa 2004. Ahora, la obra ve la luz de la mano de KRK Ediciones.
-Su ópera prima ya está en los escaparates de las librerías. ¿Qué sentimiento le produce ver su nombre en la portada de un libro?
-La verdad es que no me ha producido ninguna sensación especial. Ni yo mismo esperaba reaccionar así y eso que tenía verdadera curiosidad por ver cómo había quedado. Me resultó más chocante saberme ganador del premio, porque cuando se falló -a mediados de enero- sólo mis padres y mi novia sabían de la existencia de la novela. Entonces, tuve una sensación extraña, una mezcla de emoción y desazón. Estaba orgulloso por haberla terminado y porque hubiera sido premiada, pero al mismo tiempo me angustiaba no saber qué decir, no saber muy bien cómo explicarla.
-Ha tardado en publicarse, pero ya es una realidad. ¿La espera ha merecido la pena?
-Por supuesto. La edición está muy bien acabada y la portada es muy buena. En fin, que ha quedado muy aparente en la forma, aunque habrán de ser los lectores quienes finalmente juzguen su contenido.
-¿Le parece un buen momento para lanzar la novela al mercado?
-Hubiera preferido que saliera antes, en abril y mayo, que es cuando se celebran la mayoría de las ferias del libro, o en otoño, época en que el número de lanzamientos se multiplica. La promoción en esos períodos es siempre mayor.
-De todos modos, el estío también ofrece algún que otro escaparate...
-Alguno hay, qué duda cabe, pero no sé hasta qué punto podré participar en ellos, entre otras cosas, porque se trata de acontecimientos culturales fijos que ya tienen los programas cerrados.
-¿No había un compromiso formal por parte del Principado?
-En las bases del concurso se hablaba de una presentación conjunta de las obras ganadoras en los tres apartados -poesía, teatro y narrativa-, pero hasta la fecha nadie ha dicho esta boca es mía. De todos modos, me imagino que esa presentación que se nos prometió se hará finalmente, quizá después del verano.
-Hablemos de la novela en sí. ¿Es usted quien se mira en ese Espejo o todos debemos mirarnos en él?
-En realidad, es una historia muy concreta, que se desarrolla en una etapa determinada y que cuenta con un personaje principal bien definido, pero sí que se puede extrapolar a otras personas, a otros ámbitos y a un contexto también diferente. En cualquier caso, lo que yo he pretendido con ella ha sido mostrar cómo uno va descubriendo la realidad de las cosas y cómo la percepción que uno tiene de ellas va cambiando con el paso de los años.

-¿Qué significado tiene entonces el espejo dentro de la obra?-Está estructurada en tres partes que en realidad se parecen muy poco, puesto que no es una obra continua, sino que abarca tres etapas vitales muy diseminadas, como son la infancia, la madurez y la vejez. Esto quiere decir que el personaje, como es natural, va cambiando en esos tiempos elípticos que no aparecen. El único nexo en común que tiene con ellos es un espejo que había en casa de sus padres, que lleva consigo allá donde va y en el que se mira periódicamente.
-¿Tanto nos ha marcado la Guerra Civil que hasta generaciones tan jóvenes como la suya toman la contienda como referencia?
-Pienso que sí. Es un fantasma que aún colea y que ha vuelto a aparecer sobre todo en el último año. Desde el 11-M para acá, se ha utilizado con demasiada asiduidad para mi gusto el viejo discurso de las dos Españas, de la nacional y la republicana, que ya parecía olvidado.
-¿Quizá porque hay heridas que no han cicatrizado todavía?
-No hay más que ver lo que pasa cuando se abre una fosa común...
-¿Por qué eligió el bando perdedor? ¿Hay antecedentes en su familia?
-Los hay, los hay, pero no fue por eso, sino porque me pareció más interesante. La literatura tiene el deber moral de reinsertar a los perdedores. Lo peor de la guerra no fue la guerra en sí -con todo lo terrible que tuvo que haber sido-, sino la progresiva humillación y el aniquilamiento de quienes lograron sobrevivir.
-Con este su primer libro, ¿piensa colocarse en el bando ganador?
-A eso siempre está uno dispuesto, tanto en la literatura como en cualquier otro campo, aunque no tenga ninguna expectativa en ese sentido. De momento, el libro sólo se distribuirá en Asturias y entre mis planes no está convertirme en un 'best-seller' ni nada parecido.
-¿Algún proyecto en mente?
-Estoy trabajando en un libro de cuentos y dando los primeros toques a otra novela que ni siquiera sé cuando podré terminarla, ni cuándo se publicará y si se publicará.
-Mientras tanto, las revistas Eventual y El Norte son un buen caldo de cultivo, ¿no?
-Son dos buenas publicaciones, muy útiles a la hora de conocer lo que se hace en Asturias y en las que he publicado un par de relatos. Aquí hay muy buenos escritores, pero, a veces, falla la retroalimentación. Sería conveniente que Asturias contara con un evento que de forma periódica reuniera a autores, editores, libreros y lectores para tratar de esas cosas que nos son comunes. La literatura asturiana, en cuanto a obra, goza de muy buena salud, pero aparece debilitada en otros flancos.
Autor: Rubén Espiniella
Foto: Joaquín Bilbao
