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Terra
La Coctelera

Categoría: Cosas mías

Mudanza

Lo dicho: visto lo visto, este Microcosmos se larga con viento fresco hacia horizontes más halagüeños. Viendo lo mucho que se han lucido las lumbreras de La Coctelera, he decidido poner tierra de por medio y montar este Microcosmos en blogspot. La nueva dirección es:

www.miguelbarrero.blogspot.com

Allí nos veremos.

La estancia vacía: el preestreno

Ya estoy en condiciones de anunciar -aunque aún haya que tener la preceptiva prudencia- que La estancia vacía, el documental sobre los últimos días de Michi Panero
en Astorga que rodamos el pasado mes de septiembre, se preestrenará en
esa ciudad el sábado 17 de marzo. El lugar y la hora aún están por
confirmar, pero el Ayuntamiento trabaja ya con esa fecha, que coincide
con el tercer aniversario de la muerte de Michi. El pase, sea donde sea, tendrá un carácter gratuito.

Nota a modo de posdata:
No sé por qué extraño motivo, cuando algo va bien siempre hay alguien
que se apresura a joderlo. Después de haber escrito en bitácoras de
todo pelaje y condición (20six, Blogger, Diaryland...), me quedé en La
Coctelera porque era fácil, cómodo y rápido. Bien, pues alguna lumbrera
ha decidido cambiarlo todo y esto ahora va peor que ningún otro
servidor en el que haya trabajado. Soy absolutamente incapaz de subir
fotos, así que me temo que durante un tiempo mis entradas consistirán
en simples textos. ¿Por qué no leerá esta gente a Machado o a Juan
Ramón? No lo toquéis ya más...

Feliz Día de la Marmota

Se me había olvidado por completo. Menos mal que la magnífica bitácora de Nacho Escolar me ha refrescado la memoria...

¡¡¡Feliz Día de la Marmota!!!

Espero que esta mañana, a eso de las seis, sus respectivos despertadores no les hayan recibido con esta canción. Podría ser una mala señal...

Los que no entiendan nada pueden pinchar aquí.

Dos hombres dignos

He aquí a dos hombres íntegros. Se llaman Juan Manuel Martínez Morala y Cándido González Carnero, son trabajadores del sector naval y militan en el sindicato CSI. En estos momentos afrontan dos juicios después de que la Delegación del Gobierno les acusase de destrozar una cámara de vigilancia de tráfico y prender fuego a un coche abandonado en el transcurso de una manifestación de protesta contra el cierre de los astilleros. La fiscalía pide, en total, seis años y medio de cárcel. Algo absolutamente desproporcionado (no hay más que ver las penas que se les aplican a quienes sí delinquen, y de forma mucho más dañina). El Ayuntamiento de Gijón, con mayoría presuntamente socialista, ha dejado pasar el tema, e incluso los propios imputados aseguran que una de las denuncias por las que podrían pisar la cárcel fue interpuesta por el propio Consistorio.

En el trasfondo de todo esto está, cómo no, la especulación. Los astilleros se encuentran en una zona muy golosa: frente a la playa de Poniente, una de las zonas más pujantes del Gijón del siglo XXI. A su vera se han construido edificios de lujo, está previsto soterrar las vías de tren que pasan por allí y los constructores se frotan las manos pensando en el pastel que pueden repartirse. Un pastel en cuya confección molestan, claro, los astilleros.

Carnero y Morala defendían sus puestos de trabajo y la continuidad de la empresa que les da de comer a ellos y a sus familias. Si en verdad han hecho aquello por lo que se les acusa, bastaría con ponerles una multa. Si se les usa como cabezas de turco para mostrar a los obreros lo que vale un peine y evitar futuras revueltas con los astilleros como disculpa (la pasta es la pasta, eso está claro), lo que está pasando estos días en Gijón sólo puede tener un nombre: infamia.

No sé de qué parte se pondrá la justicia, pero yo, como toda la gente de bien, estoy con ellos.

Foto: Joaquín Pañeda. El Comercio

La estancia vacía: primeros planos

Ya estamos en condiciones de adelantar algunas imágenes del documental La estancia vacía, cuyo montaje concluirá el próximo viernes y para cuyo estreno ya hay fijada una fecha que, por aquello de la prudencia, aún no voy a desvelar. En total, tendrá hora y media de metraje y contará con no poco material inédito que, esperamos, sea del gusto de todos los panerianos.

En la imagen de arriba, Ángel García pasea por la calle de Leopoldo Panero (bajo cuyos adoquines, según el protagonista ausente de la película, no se escondía el mar), mientras que en la de abajo Angelines Baltasar (un grandísimo hallazgo) desgrana ante la cámara los recuerdos de toda una vida vinculada a los Panero.

No se la pierdan.

Unas acotaciones a don Gustavo

Hubo un tiempo (aunque muchos no lo crean) en el que don Gustavo Buenoera un filósofo innovador que creía en el acercamiento de la cultura alas clases populares y combatía con toda su fuerza intelectual lafunesta dictadura del general Franco. En la cuenca minera aún hay quienrecuerda las lecciones de filosofía que impartía a los trabajadores delcarbón, y algunos de los que fueron sus alumnos en la década de lossetenta se llevan ahora las manos a la cabeza al ver en qué se haconvertido el, por otro lado, inefable pensador.

Acabo de leer en Europa Press que Buenoha presentado hoy en Oviedo la fundación DANAES para la defensa de lanación española, y en ese foro arremetió contra la lengua asturiana-como viene siendo habitual en él en estos últimos años- acusándola deser un modismo y no un idioma y añadiendo que no existe por sí misma.Tan brillante argumentación fue rematada por el filósofo riojano conuna estremecedora confesión: cuando se mudó desde su tierra natal aOviedo, lo hizo porque entendía que Asturias era (y cito textualmente) la cuna del español.

Yo no sé si a Gustavo Bueno lavejez le está jugando malas pasadas o si, consciente de la capacidadintelectual de sus actuales palmeros, sabe que puede decir lo que levenga en gana sin que nadie le replique. Pero me extraña que ningúnperiodista haya pedido la palabra en la presentación de hoy pararecordarle al eminente filósofo algunas cositas. Habría que empezarcontando que, tras la caída del Imperio Romano, en la Península Ibéricaempezaron a convivir diversos dialectos del latín entre los que seencontraban el gallego-portugués, el astur-leonés, el navarro-aragonés,el catalán, el mozárabe... y el castellano. Cada uno se usaba en supropio territorio (no hay que ser muy listo para adivinar cuálcorrespondía al astur-leonés), y sólo con el avance hacia el Sur de losejércitos cristianos después de la batalla de Covadonga unos empezarona mezclarse con otros. Si Bueno dice que vino aAsturias buscando la cuna del español, hay dos posibilidades: o mienteo le engañaron. Porque todo el mundo sabe que las primerasmanifestaciones escritas que se conservan en lengua castellana (que esel nombre que debería tener el español) fueron las llamadas glosassilenses y emilianenses, aclaraciones anotadas en esa nueva lengua atextos latinos que resultaban algo confusos para los monjes de laépoca. Glosas que (lo siento, don Gustavo) fueron escritas y guardadasen los monasterios de San Millán de la Cogolla y Santo Domingo deSilos. Muy alejados, como sabrán todos, de lo que hoy conocemos comoAsturias. Habrá que concluir que si el sapientísimo analista de Gran Hermano se vino aquí buscando la cuna del español, quizá se deba a que no tiene tantas luces como pensábamos...

En busca y captura

Mi compadre David González ha abierto una nueva bitácora, que muy consecuentemente ha titulado En busca y captura, en la que desde hace unos días cuelga pormenorizados informes acerca de los libros que lee para dejar constancia de sus erratas. El experimento es interesante, dado que ningún libro se salva de los temidos duendes de la imprenta. Podéis acceder a ella desde aquí.

Elogio de las catedrales

Cuando era niño, alguien me contó una historia que me fascinó durante mucho tiempo. Según decían, durante la construcción de la Catedral de León se producían extraños movimientos de tierra que, invariablemente, echaban abajo cada noche lo que se había levantado el día antes. Tras mucho investigar, dieron con la causa: un topo gigantesco había escogido ese preciso lugar para excavar sus túneles, e hicieron falta unos cuantos hombres para darle caza, sacrificarlo y colgar su piel de una de las paredes del futuro templo. Desde que supe de aquella leyenda, no he podido evitar -cada vez que entro en esa Catedral- de buscar con la mirada el enorme saco amorfo que aún puede verse sobre la puerta de acceso a la nave del Evangelio e imaginar las monstruosas dimensiones de aquel pobre animal que, en el fondo, sólo se buscaba el sustento.

Las catedrales no son sólo un lugar de culto y oración. En su día, fueron las auténticas casas del pueblo, los verdaderos foros públicos de las ciudades, el lugar donde se hacían tratos importantes y en el que se discutían los asuntos más acuciantes, el lecho de los sueños de los vagabundos y el trono de los reyes más narcisistas, el escenario de eruditas conversaciones de ilustrados y el reducto de quienes -sabedores de que el destino sólo les deparaba la horca o la hoguera- se acogían entre sus muros a sagrado para postergar así una suerte aciaga. Las catedrales, todas, esconden cientos de historias que sólo pueden escucharse en su interior si uno presta la debida atención y olvida por unos momentos la cámara de fotos, si se entra en ellas preparado para escuchar el murmullo de las piedras.

La Catedral de León, hoy, se está cayendo a pedazos. Cualquier día se desmoronará, y se llevará sus recuerdos.