Categoría: Biblioteca
16 Enero 2007

Hoy mismo se pone a la venta en toda España La ofensa, de Ricardo Menéndez Salmón. La presentación al público de la novela, editada por Seix Barral, se celebrará el 22 de enero en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón y contará con la presencia del escritor Xuan Bello. Ambientada en la II Guerra Mundial y en los años inmediatamente posteriores y centrada en la historia de un sastre al que el devenir histórico obliga a participar en el conflicto dentro de las milicias nacionalsocialistas, La ofensa supone un nuevo y, creo yo, definitivo paso en la carrera del que quizás sea el mejor escritor que tenemos ahora mismo en Asturias. Nunca me ha gustado dar consejos, pero con éste sé que no puedo fallar: cómprenla y disfruten.
¿Se nota mucho que es mi amigo?
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19 Diciembre 2006
Cuando tenía doce o trece años y vi por primera vez El club de los poetas muertos, me impactó sobremanera una escena que entonces no fui capaz de entender. El profesor de Literatura hacía entrega a sus alumnos del libro que debían leer a lo largo del trimestre y, antes de decirles nada sobre él, alzaba el libro sobre su cabeza, lo abría y arrancaba las páginas que conformaban el estudio crítico que algún entregado erudito había pergeñado para la ocasión. Años más tarde, cuando superé el trauma de haber tenido que enfrentarme en 3º de BUP a no pocos capítulos de El Quijote y me atreví a meterme de lleno en la obra de Cervantes, entendí el gesto de aquel entusiasta docente que tan bien encarnó Robin Williams (Oh, capitán, mi capitán).
Ya he escrito en una entrada anterior de esta bitácora sobre el mismo tema, pero el caso es que me resulta insufrible que en tiempos en los que los best sellers de temas fantásticos y/o terroríficos están de moda nadie haya caído en la posibilidad de que una buena parte de lectores (los menos avisados, para colmo) se estén llevando gato por liebre. Abunda en nuestros días una literatura confeccionada a medida sobre oscuros pasajes de determinados hechos históricos que alimentan día sí y día también la interesada inspiración de escribientes que no paran de enviar a las librerías sonrojantes resoluciones de misterios que ni la vida ni la literatura han sabido desvelar. Uno de los casos más recientes (uno de los que a mí más me cabrea) es el de Edgar Allan Poe. Para quienes no lo sepan, Poe fue uno de los grandes escritores del género de terror o gótico, si no el más grande, que ha pisado la faz de la tierra. A su pluma se deben poemas tan sobrecogedoramente perfectos como El cuervo o Annabel Lee (éste más famoso después de que lo convirtiese en canción el grupo Radio Futura) y relatos tan absorbentes como Los crímenes de la calle Morgue o La carta robada. Poe murió a los cuarenta años de edad en Baltimore, una ciudad en la que ya había residido, envuelto en unas circunstancias que se podrían calificar, cuando menos, de extrañas: no tenía nada que hacer allí, todos le suponían en una ciudad distinta y las últimas palabras que pronunció en el lecho de muerte fueron Que Dios se apiade de mi pobre alma.
Tal enigma, que hubiese podido ser fuente de inspiración para una gran novela, ha quedado reducido a fosfatina por obra y gracia de un escritor norteamericano (ver la entrada titulada La sombra de Poe) que ha construido una trama infumable a partir de unos hechos tan delicados como sugerentes. Ya he contado en este mismo lugar el cabreo que me llevé en las cien primeras páginas, y por eso quiero decir aquí que Robin Williams se equivocaba en la película. No todos los prólogos son abominables. No, porque para sofocar el enfado pearliano se me ocurrió acudir al primer tomo de los Cuentos completos del propio Edgar Allan Poe (Alianza) y recrearme en el magnífico estudio biográfico y literario que el grandioso Julio Cortázar escribió sobre el genio del terror. La erudición del argentino, en este caso, tuvo el efecto contrario al de otros muchos estudios críticos que me vi obligado a tragar durante mis años de estudiante.

Y ya que llega el invierno y anochece más temprano y en muchos lugares nevará por Navidades, me permito hacer a mis lectores un regalo: un cuento de esos que resultan ideales para ser leídos cubierto de edredones o cómodamente repantigado ante una chimenea (los afortunados que la posean). Tanto para los que nunca se han echado a los ojos ni una sola línea de Poe como para los que ya se conozcan al dedillo toda su obra, sin duda supondrá un placer descubrir en este humilde rincón del ciberespacio las palabras que aquel loco genial trenzó para componer su relato La caída de la casa de Usher. De nada...
Durante todo un día de otoño, triste, oscuro, silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país; y al fin, al acercarse las sombras de la noche, me encontré a la vista de la melancólica Casa Usher. No sé cómo sucedió; pero, a la primera ojeada sobre el edificio, una sensación de insufrible tristeza penetró en mi espíritu. Digo insufrible, pues aquel sentimiento no estaba mitigado por esa emoción semiagradable, por ser poético, con que acoge en general el ánimo hasta la severidad de las naturales imágenes de la desolación o del terror. Contemplaba yo la escena ante mí -la simple casa, el simple paisaje característico de la posesión, los helados muros, las ventanas parecidas a ojos vacíos, algunos juncos alineados y unos cuantos troncos blancos y enfermizos- con una completa depresión de alma que no puede compararse apropiadamente, entre las sensaciones terrestres, más que con ese ensueño posterior del opiómano, con esa amarga vuelta a la vida diaria, a la atroz caída del velo. Era una sensación glacial, un abatimiento, una náusea en el corazón, una irremediable tristeza de pensamiento que ningún estímulo de la imaginación podía impulsar a lo sublime. ¿Qué era aquello -me detuve a pensarlo- , qué era aquello que me desalentaba así al contemplar la Casa de Usher? Era un misterio de todo punto insoluble; no podía luchar contra las sombrías visiones que se amontonaban sobre mí mientras reflexionaba en ello. Me vi forzado a recurrir a la conclusión insatisfactoria de que existen, sin lugar a dudas, combinaciones de objetos naturales muy simples que tienen el poder de afectarnos de este modo, aunque el análisis de ese poder se base sobre consideraciones en que perderíamos pie. Era posible, pensé, que una simple diferencia en la disposición de los detalles de la decoración, de los pormenores del cuadro, sea suficiente para modificar, para aniquilar quizá, esa capacidad de impresión dolorosa. Obrando conforme a esa idea, guié mi caballo hacia la orilla escarpada de un negro y lúgubre estanque que se extendía con tranquilo brillo ante la casa, y miré con fijeza hacia abajo-pero con un estremecimiento más aterrador aún que antes-las imágenes recompuestas e invertidas de los juncos grisáceos de los lívidos troncos y de las ventanas parecidas a ojos vacíos...sigue leyendo
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14 Diciembre 2006

Me ha enviado Álvaro Díaz-Huici el último lanzamiento de su editorial, una pequeña joya de la que desde hace un par de años me había venido hablando cierta gente y que no tuve ocasión de leer hasta hace relativamente poco, cuando encontré en la sección de segunda mano de la librería Paradiso (todo un templo para los amantes de la lectura) una edición de la editorial Libertarias. El caso es que Trea ha reeditado Tú serás Baudelaire, novela escrita en 1983 por Fernando Poblet y publicada entonces por la ya desaparecida editorial Noega (también a cargo de Álvaro). Se trata de la única obra de género narrativo escrita por su autor (que publicó además los ensayos Guía indiscreta de Gijón y Contra la modernidad, al margen del volumen Diabluras), y constituye quizás una de las mejores muestras de la literatura asturiana (y me atrevo a decir que española) durante la década de los ochenta del pasado siglo. De clara inspiración autobiográfica -y, según mi opinión, con una clara influencia de otra inmensa novela, ésta de la primera mitad del siglo: Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta-, en Tú serás Baudelaire Poblet lanza una mirada lúcida e irónica a la infancia desde la edad adulta para reinventar su propia niñez y recrear un mundo tan sugerente como cruel. No os la perdáis.
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23 Noviembre 2006
Hace un tiempo me compré El club Dante, de Matthew Pearl. No soy lector habitual de best sellers, pero mi decisión se vio avalada por la recomendación de dos o tres personas de cuyo criterio me fiaba (y me sigo fiando) y, la verdad, no me defraudó. Se trataba, huelga decirlo, de una novela de intriga con asesinatos escabrosos y coartada seudoliteraria, pero, pese a todo, la novela tenía un cierto trasfondo y, además, estaba bien escrita. Como en aquella ocasión me pasé un par de buenas tardes leyéndola (y como no todo ha de ser Heidegger y Proust y Eco y Joyce y Chateaubriand, como cree el maestro Argüelles), decidí hacerme con la segunda novela de Pearl, titulada La sombra de Poe. En esta ocasión, como habrán adivinado, la trama gira en torno a la enigmática muerte en Baltimore del autor de La caída de la casa de Usher y sus posibles causas. Dado que el estilo del primer libro (el dantesco) no me había disgustado y que en esta ocasión el asunto iba de un autor que me interesa bastante, me esperaba algo, cuando menos, mejor que en la anterior ocasión. Pues bien, la decepción ha sido inmensa y he tenido que abandonar la lectura antes de llegar a la página cien. Con un lenguaje paupérrimo, haciendo gala de un estilo casi demente y presentando a unos personajes que parecen salidos del frenopático de la esquina, Pearl ha conseguido lo peor que puede conseguir un escritor de novelas policiacas. Cuando iba por la mitad (por la mitad de lo que he leído, se entiende) ya me importaban una higa las vicisitudes del fallecimiento de Edgar Allan e incluso el propio Poe, y nada hubiera deseado más que la aparición de algún malo malísimo que se cargase de un tiro en la frente al idiota del protagonista. Pero como eso, claro, no iba a suceder, cerré el libro y me puse con otra cosa. Lo peor es que he estado buscando reseñas por Internet y resulta que todas las que he leído ponen la novela por las nubes. No sé si el mundo se está desquiciando o si soy yo el que no hila fino...
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22 Noviembre 2006
En lo sucesivo, voy a tener que evitar pasar cerca de una librería. Ayer mismo, para ocupar un fragmento de tarde que se me estaba haciendo demasiado pesado, salí a dar una vuelta por Oviedo y me topé con la librería Cervantes. Entré a curiosear un poco, más que nada por el mero placer de estar entre libros, y acabé dando con esas reediciones de la vieja colección El Libro de Bolsillo de Alianza de las que hace unos días hablaba el colega Barrueco en su bitácora. Total, que entré sin expectativa alguna y terminé saliendo con El guardián entre el centeno (J. D. Salinger), El jugador (Dostoievski), La dama del perrito y otros cuentos (Chéjov), Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll) y El lobo estepario (Herman Hesse). Cuando me fui al mostrador para pagar, la dependienta me lanzó una pregunta que no dejó de sorprenderme y que dice muy poco acerca de los hábitos lectores de este país. Cuando le puse delante los cinco volúmenes, me miró y dijo: ¿Son todos para ti?.
En fin... Aquellos a los que pueda interesarles han de saber que las reediciones están encuadernadas en tapa dura y cuestan diez euritos. Como para no picar...
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24 Octubre 2006

Tras el arrollador éxito de su libro de cuentos Los caballos azules y muy pocos meses antes de su flamante estreno en el mercado nacional (de la mano de la prestigiosa Seix Barral) con La ofensa, el siempre interesante Ricardo Menéndez Salmón (que además de amigo es compañero de columna en las páginas de El Comercio) acaba de poner en las librerías La noche feroz (KRK Ediciones), novela con la que se llevó el Premio Casino de Mieres en su edición de este año. Dado que se trata de una novela corta (apenas noventa páginas) y que por lo tanto su argumento está muy condensado y es muy difícil hacer un mínimo comentario sin destripar nada, me limito a pegar aquí la sinopsis que aparece en la web de la editorial. Sinopsis, por lo demás, suficiente para hacerse una idea de la trama, pero que nada dirá al profano acerca de la deslumbrante prosa de Ricardo:
Una niña asesinada, un maestro rural a quien el pasado atormenta y la caza del hombre por el hombre. Estos son los cimientos sobre los que se levanta el edificio de La noche feroz, una novela tribal y gótica, clausurada en su unidad de espacio y tiempo, que se insinúa como un thriller metafísico con resonancias de la tragedia griega y de Dostoievski.
Sobre el telón de fondo de una guerra fratricida, Ricardo Menéndez Salmón propone el retorno a Promenadia, territorio que alumbró en Los arrebatados, su anterior novela, a través de un texto que recoge tres de sus obsesiones más queridas: la presencia del mal en el mundo, la subordinación del ser humano a sus apetitos y la asfixia de un paisaje que es antes amenaza que refugio.
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11 Octubre 2006

Por privilegios de la amistad, he podido leer antes que nadie El tiempo de los emperadores extraños, la última novela de mi querido Ignacio del Valle, que hoy mismo sale a las calle publicada por Alfaguara. Se trata de un thriller ambientado en el seno de la División Azul, en plena campaña de Rusia, y supone la reaparición de Arturo Andrade, el protagonista de El arte de matar dragones (la novela con la que Ignacio obtuvo en 2003 el Felipe Trigo). Tras los consabidos preceptos del género policiaco, el libro tiene un trasfondo intelectual nada común en los best sellers (y esta novela aspira a serlo) que hace que no tenga desperdicio. Os lo recomiendo encarecidamente.
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28 Septiembre 2006
Nació en Madrid en 1927 y murió en la misma ciudad en 1993. Su nombre no es de los que más se recuerdan en los fastos literarios habituales, pero fue el máximo renovador de la novela española de la posguerra y sacó a la literatura patria del realismo ñoño y tedioso en el que había estado sumida con una obra capital, Volverás a Región, que podríamos definir a priori como contradictoria: su argumento puede resumirse en tres o cuatro líneas (final incluido), y sin embargo en sus páginas se cuentan muchísimas cosas, muchas más de las que otros han sabido contar en toda su vida. En un territorio mítico, la Región que aparece en el título (un lugar árido y nada apacible que se podría corresponder con las montañas asturleonesas), un médico que cuida a un huérfano retrasado mental de edad madura conversa durante toda una noche con una mujer que vuelve tras los pasos perdidos de un antiguo amor. Al amanecer, la mujer huye en coche y el retrasado, creyendo que se trataba de su madre y que el doctor la ha dejado escapar, mata a éste mientras de lejos llega el eco de un disparo en las montañas. Así de sencillo y así de complejo. En sus novelas posteriores (Una meditación, Un viaje de invierno, La otra casa de Mazón...), Benet irá desarrollando y enriqueciendo el universo regionato hasta forjar a golpe de máquina de escribir la que es considerada su obra cumbre, Saúl ante Samuel, que ciertamente es su novela más difícil. En ella, el grand style del que su autor hablaba ya en La inspiración y el estilo, su primer libro de ensayos, brilla en todo su esplendor arrastrando a los lectores con la fuerza de un torrente nunca antes visto en la lengua española y muy emparentado con los preceptos estéticos de Faulkner o Conrad.

Tras el agotamiento que sin duda debió de sufrir mientras andaba enfrascado en la escritura de esta novela, y nadie sabe muy bien por qué razón, Benet decide introducir ligeras modificaciones en su registro para hacerlo más asequible al gran público, que, huelga decirlo, nunca dejó de darle la espalda. Surgen así los tres volúmenes de la monumental Herrumbrosas lanzas (toda una epopeya con Región como escenario y la Guerra Civil como línea argumental)y El aire de un crimen, la única incursión de Benet en el género negro. Por el camino va dejando otros libros deliciosos, como el indispensable Otoño en Madrid hacia 1950 o las encantadoras Trece fábulas y media y fábula decimocuarta. Sus últimos libros, Londres victoriano y El caballero de Sajonia, fueron escritos por encargo. Dejó de existir en su chalé de la colonia de El Viso (Madrid) el día 5 de enero de 1993, víspera de Reyes Magos. Si alguien quiere saber algo más de su obra antes de meterse de lleno en ella, no tiene más que echarse a los ojos Una meditación sobre Juan Benet, un estudio realizado por Francisco García Pérez y publicado en Alfaguara. Editorial que, por cierto, ha reeditado en los últimos años casi todos los libros de Benet.
servido por miguelbarrero
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